Mírame a los ojos
trata de negarlo,
que disfrutaste como yo
esa tarde,
en la que mis labios
jugaban tiernamente con
los tuyos,
apasionados,
ardientes,
irrefrenables,
cuando te recostaste en
la cama
y me miraste algo
asustada,
cuando recorría tu cuello
marcándolo a fuego con
mis labios,
con mi lengua,
temblabas a cada
instante,
lo notaba en cada
caricia,
vibrabas con un violín
con cada uno de mis
besos,
tu boca emitía sonidos
silenciosos,
gemidos tímidos yo diría,
tu cabello largo caía por
tu hombros,
temblando besaba tu
figura
por encima de las telas
que te rodeaban,
¿puedo? pregunte ansioso
y sin esperar respuesta
alguna
desabotone tu blusa,
me recordaste que mis
ojos pícaros,
tendían a mirar tus
pechos,
“como no mirarlos” te
respondí
sin son tan bellos,
te quite suavemente la
prenda
y seguí dibujando besos
en tu piel,
¿puedo? repetí ardiendo,
mientras dejaba al aire
tu montes gloriosos,
no lo negaré
me quede impactado por su
forma
y sus límites,
la ropa que usas no te
hace para nada justicia,
la maldigo,
la maldigo,
los bese despacio y
temeroso,
acaso podría ser un sueño
ese momento,
pero no me perdí en ese
pensamiento,
eras mía en ese momento,
no importaba más que eso,
te besaba despacio y
jugaba con mi lengua,
enredaba las coronas de
tus senos,
una a una,
hasta lograr que
temblaras,
más intenso,
más sonoro,
“tu pantalón se va
arrugar”
dije travieso,
“mejor coloquémoslo en
otro lado”
si claro,
solo faltaba mi aureola,
al quitártelo acaricie
lentamente tus piernas
con el borde de mi
barbilla,
“eres preciosa”
“una mujer como tu debe
ser hecha poesía”
decía cerca de tus oídos
en las pausas que tomaban
mis besos,
tú no podías soportarlo,
lo sé porque te
convertías en un mar,
con tus caderas imitando
movimientos de olas
tu voz era un suspiro
apasionado
y yo ahí recostado,
jugando con el piercing
de tu ombligo,
¿puedo? te dije con una
sonrisa cómplice,
mientras tomaba entre mis
dedos
el último límite de ropa
entre tus piernas
y ahí estaba yo,
con mi cara de tonto,
al ver tu pubis desnuda y
depilada,
“como me haces esto”
escapo sin frenos de mi
boca,
“no sabes cómo me alocas”
“quieres llegar” te dije
sin detenerme,
te perdías en mis ojos y
asentías temblando,
no podría entrar en
detalles,
ahora no,
hay cosas que es mejor se
queden entre nosotros
¿verdad?
solo sé que después de
amarte sin medidas
y hacer un “bis” a mi
cara de tonto
cuando cogiste tus
cigarros,
no puedo dejar de pensar
en ti,
de hacerte poesía,
hacerte mía en sueños,
y estar nuevamente en el
marco de tu puerta,
esperando ansioso,
una tarde como aquella.