Tu nombre se desliza
beligerante y de prisa
entre mis labios al nombrarte
huye saltando de piedra en piedra
como si corriera
sus cien metros planos,
o huyera de mis traviesas manos,
se mete tras las cortinas
jugando a las escondidas
se cubre con el cuerpo temblando
como si estuviera intentando
que lo descubra enseguida,
es que tu nombre tiene
entre sus melódicas siete letras
una pizca de engaño y dos de treta
y el noventa por ciento de una marina brisa,
no es casualidad que rime traviesamente
con las palabras que escribo con prisa
las mismas que cuelgo en esta repisa
echa con trozos de madera cogidas en la playa
que parecen recuerdos húmedos
de besos naufragados
que yacen olvidados
en tus labios de caramelo,
porque al final no los recuerdas
y si no hay huellas en la arena
son una tormenta que no paso,
un remolino de labios que nunca ocurrió
aunque si pasó
para uno de los dos,
para mi tu nombre tiene todo eso
y también se escribe con una sonrisa
de esas que el corazón hacen trizas
que a la primera te hipnotizan
lleva en el punto de la “i” un corazón de tiza,
y ya como ultima rima
solo me queda decir… Melissa.
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