Heme aquí triste acurrucado
en las orillas negras del olvido
vestido con poemas mendigos
y alguno que otro pecado
Cantando a la luna entera
fría amante traicionera
adornada con aretes blancos
que consiguió de contrabando
Y maldita una y mil veces
sea nuevamente esta mi suerte
esta que factura con creces
cuando cada noche me impide verte
Cansado, herido y olvidado
arranco mis ojos cada mañana
tratando de olvidar tu rostro
y ese olor tuyo a membrillo.
Pero cada noche soy restaurado
como lastimera maldición gitana
para recordarte en cama con otro
y contemplar por siempre tu anillo.