Desde aquella tarde de febrero
ni siquiera pensaba en que pasaria,
conocernos fue una casualidad,
yo creo,
de esas que prepara el destino,
luego vino el cine,
aquellos paseos en el parque,
todos mis chistes malos,
los libros que leimos juntos
y los que mutuamente
nos recomendamos,
empezo una tarde sin darme cuenta,
cuando decir tu nombre
me dejaba un sabor a caramelo,
pensar en ti me dibujaba
esplendidas sonrisas,
y desde aquella noche que te acunaste
entre mis sabanas y almohada,
ya nunca mas pude soñar
con otros universos constelados
que no tuvieran tu nombre,
aquel que empieza con
aroma de rosas,
como te dije una tarde,
encalle en tu isla y destroze mi barco
para con sus maderas construir mi casa
en ti.
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