Ángel o demonio
no puedo decidirlo aún
mucho menos si las ropas se ciñen a ti
como el aire que respiro cerca de tu nuca,
tú lo sabes
y me miras sonriendo perversa
con los labios enmarcados en color vino
con tu piel de madera del verano,
mezcla de sienas y ocres
como si algún dios antiguo
hubiera pintado tus líneas
con lápices de creta y sanguina
y regresas la mirada a mis ojos
llevándolos cogidos de la mano
a recorrer cada espacio de tu cuerpo,
tus senos coronados de gloria
las líneas del resbalón que se forma en tu espalda,
las playas tropicales y húmedas
escondidas en tu entrepierna
y me enredo en sus matorrales
mi lengua se queda atrapada en tus labios
mientras me miras y tu boca dibuja una sonrisa
con esos labios de tonos intensos
que muero por besar
y muerdes las palabras que quieren escapar
devoras entre tus dientes un “maybe”
y yo voy muriendo con cada gota de tu silencio
pero no me detengo
al final del día prefiero recorrer el río de tu cuerpo
aun cuando no beba de sus aguas
a ni siquiera acercarme a tus orillas
a no perder mis besos en tu dermis.